Preparen la pista de aterrizaje que en estos momentos se aproxima nuestro primer viajero temporal… el polen.
El polen, aquel amiguillo que para algunos solo es motivo de estornudos en primavera, es nuestro primer invitado. Acumulado durante años en las capas de la tierra, el polen se transforma en un excelente indicador de cómo pudo comportarse y de cómo pudo ser un paisaje en un determinado periodo del tiempo.
El profesor Mauricio Rondanelli nos cometa que “el polen es buen indicador”, esto porque entrega información acerca de cómo pudo comportarse un paisaje en la antigüedad, porque gracias a estos granos de polen, tenemos conocimiento de especies vegetales extintas, de la evolución de las especies vegetales y otros fenómenos relacionados a la historia biogeográfica de un paisaje.
La ciencia, o mejor dicho disciplina que se dedica a esto es la palinología. Y la palinología suele trabajar como un proxy dato, es decir como ayuda, para ciencias como la arqueología, la ecología, la palecologia, la paleoclimatología entre otras.
Lo que permite al polen ser un buen indicador y que pueda conservarse en el tiempo es la esporopolenina. Ésta, nos explica el profesor Rondanelli, “es un complejo químico constituyente de la pared celular del grano de polen, altamente resistente a la degradación y destrucción por agentes externos ambientales y es lo que permite que se mantenga la estructura del polen prácticamente inalterada a través del tiempo (milenios).”
Lo que los palinologos encuentras en una muestra de suelo son, como explica el profesor Rondanelli “las cáscaras del polen, su pared externa” y que al igual que los fósiles, el polen en es solo “una huella de lo que hubo” en aquel paisaje.
Imagen Derecha: Variedad de Granos de Polen.

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